A veces una batalla lo decide todo, y a veces la cosa más insignificante decide la suerte de una batalla.
De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso.
Si la perfección no fuera quimérica, no tendría tanto éxito.
Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada.
Una gran reputación es un gran ruido: cuando más aumenta, más se extiende; caen las leyes, las naciones, los monumentos; todo se desmorona. Pero el ruido subsiste.
Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla.
Hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado.
Cuando quiero que un asunto no se resuelva lo encomiendo a un comité.
Si la perfección no fuera quimérica, no tendrÃa tanto éxito.
Categoria: Exito
Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.
Discutir en el peligro es apretar el dogal.
Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición.